El conflicto que se desarrolla en Medio Oriente comenzó a impactar significativamente en la economía argentina, especialmente en los sectores agrícola e industrial. El incremento en los precios del petróleo se traduce directamente en mayores costos de combustibles y fertilizantes, generando presiones inflacionarias que contrastan con los objetivos de control de inflación que persigue el gobierno de Javier Milei. La incertidumbre sobre la duración del conflicto y sus efectos posteriores ha generado comportamientos especulativos entre productores y empresas.
En el sector agropecuario, la situación es particularmente crítica a días de iniciarse la cosecha gruesa. El gasoil registra precios cercanos a los 1.600 pesos por litro en zona rural, lo que implica que una jornada de recolección en un lote pequeño requiere aproximadamente mil litros del combustible. Los fertilizantes, especialmente la urea, han experimentado aumentos dramáticos: pasaron de 550 a 750 dólares por tonelada en el mercado internacional y subieron alrededor de un 42% a nivel local. Esta escalada de costos erosiona márgenes de ganancia mientras que los precios internacionales de commodities como la soja se mantienen relativamente estables. Además, apenas el 5% de la soja tiene precio fijado a un mes de la cosecha, generando incertidumbre financiera entre productores que ya han emitido cheques para insumos y servicios.
Desde el inicio de las tensiones hasta el 25 de marzo, el petróleo se incrementó entre 42% y 50%, mientras que el gasoil grado 2 subió un 22% en Argentina. La Sociedad Rural Argentina alertó sobre un posible aumento de costos de hasta el 11% dependiendo de la extensión del conflicto. Los productores enfrentan además un problema de liquidez cada vez más delicado, con niveles récord de cheques rechazados en el agronegocio y especulación constante sobre los mejores momentos para vender.
La industria también resiente los efectos de la guerra. Los insumos petroquímicos experimentaron aumentos de hasta el 10% en la última semana, con empresas como Dow aplicando dos aumentos consecutivos de 660 y 340 dólares por tonelada respectivamente para América Latina. Las resinas plásticas, insumo fundamental para múltiples cadenas productivas, fueron trasladadas en dos tandas de precios. El costo del flete internacional, que se disparó producto del conflicto, afecta principalmente a los importadores, reduciendo sus márgenes de competitividad.
Paradójicamente, mientras las multinacionales trasladan automáticamente los aumentos, las empresas locales que combinan producción nacional con insumos asiáticos ganan ventaja relativa. Este escenario subraya la importancia de mantener un entramado industrial activo durante períodos de volatilidad global, aunque sigue siendo difícil compensar el impacto general de los aumentos de costos en la economía general.