Pese a la persistente mora, los bancos comenzaron a reabrir el crédito de manera limitada, privilegiando a las empresas por sobre los hogares. Tras diez meses de caída de la base monetaria, las entidades financieras reconfiguran sus carteras.
Las tasas corporativas bajaron, lo que facilita el financiamiento para el sector productivo. Sin embargo, las familias siguen fuera del mapa de crédito, en un contexto de salarios deprimidos y fuerte recesión.
El Banco Central insiste en que lo peor de la crisis crediticia ya pasó, aunque en la City porteña persisten dudas sobre la recuperación. Los bancos optan por minimizar riesgos y concentrarse en clientes con mayor capacidad de pago.
La exclusión de los hogares del financiamiento refleja el impacto social de la crisis y plantea interrogantes sobre la capacidad de reactivación del consumo interno.
